martes, 30 de abril de 2013

Cómo iniciar un incendio…

Tenía aproximadamente 8 años. Mientras mi abuela y mi hermano hacían un batido en la cocina yo me “distraía” en mi cuarto. Bueno, no se si puedo llamar eso distracción…


Estaba en mi cuarto, debajo de la cama, prendiendole fuego a pedacitos de papel. Los prendía, esperaba que se quemaran un poquito y apagaba. Hice esto por un buen tiempo, hasta que me distraje y el papel se fue quemando sin que me diera cuenta.

Cuando miré algunos segunditos después, aquel papel ya estaba ardiendo por completo. ¡Ah, mi Dios! Me dio un frío en el estómago…

Intenté soplar, ventilar con algún objeto, cubrir el fuego con un paño, pero nada funcionaba… el fuego aumentaba.

Fue entonces que, asustada, salí corriendo para la cocina y me quedé detrás de mi hermano y mi abuela viendo como terminaban de hacer los batidos. ¡No sabía qué hacer! Desde la cocina podía ver la puerta del cuarto y vi que comenzaba a salir humo por encima de la puerta. Ay, ay, ay… ¿y ahora??? ¿Cómo voy a pedir ayuda? ¡Van a enojarse conmigo! ¿Qué hago??!!

“Ya sé, me voy a quedar quietita y veremos lo que sucede!” – pensé para mí misma. ¡Que decisión tonta! Cada vez que miraba para el cuarto, salía más humo, hasta que el fuego comenzó a aparecer con toda violencia.

Fue ahí que, muuyyy asustada grité ¡¡Abuuuu!!! ¡¡Mi cuarto se quema!!!

Entonces, ¡ya estaba armado todo el lío! Bomberos, fuego, humo, mucha agua por todos lados… Y como resultado, ¡mi cuarto totalmente destruido! ¡Perdí mi cama, colchón, armario, ropa, decoración, juguetes, sin contar que mi casa quedó oliendo a quemado durante meses!

¿Creen que ha sido necesario pasar por todo eso? ¡Claro que no!

Me equivoqué, pero si hubiera pedido ayuda en el exacto momento en el que no pude apagar el papel, estoy segura de que no hubiese llegado al punto de tanta destrucción.

¡Lo mismo sucede en nuestras vidas! Tal vez hayas cometido o estés cometiendo algún error, pero estás asustada y con miedo de pedir ayuda. Recuerda, apagar un pedacito de papel es siempre mucho más fácil que apagar un incendio entero.

¡En la fe!

Raquel Ouverney

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