Muy poco tiempo atrás (¡je je!) cuando mi marido y yo apenas estábamos saliendo, recuero cómo lo extrañaba.
Los días que podíamos, estábamos siempre juntos, pero siempre llegaba el momento en que él tenía que irse, después de haber estado un día entero pegados, parecía no ser suficiente. Yo quería más…
Recuerdo lo bueno que eran los fines de semana, estábamos juntos todo el día, íbamos a la playa juntos, almorzábamos juntos, íbamos al cine, pero al finalizar el día, él tenía que irse, volver a casa. Muchas veces me quedaba un poquito triste, pues él también tenía que darle atención a su familia y no podía estar conmigo todo el tiempo… Yo lo quería todo para mí, no quería compartirlo, no me cansaba de él (y hasta hoy no me canso jajaj).
Después del casamiento todo cambió. Ah, qué bueno, ya no necesitaba decir chao al final el día y al despertarme allí estaba él. Cuanto más tenía de él, más quería, y aún quiero…
¿Qué quiero mostrarles con esto?
¡Dios siente lo mismo para con nosotros!
Él quiere el casamiento, ¡Él quiere las 24 horas del día! Él quiere todo. ¡Toda nuestra atención, todo nuestro cariño, todo nuestro respeto y más!
Él no quiere un noviazgo, quiere un compromiso serio. Con Él es todo o nada, no se puede quedar en un noviazgo para toda la vida. Él no es de aquel tipo que embroma a la novia durante 5, 10 años, diciendo que está esperando el momento correcto para casarse, ¡no! Él quiere casarse contigo hoy.
Él te quiere por entero, pues Él se da por entero. Él nos quiere sedientas de Su presencia, enamoradas, sin aguantar ni un solo segundo lejos. ¡¡¡Ah, da ganas de saltar de alegría!!! No hay nada más lindo.
¿Y saben más?
Cuando pruebas el gusto Suyo, nunca más serás la misma…
No es sólo estar con Él en la iglesia y después decir chao y sólo volver a hablarse de nuevo en la iglesia. Él te quiere todo el tiempo.
Ahora te pregunto, ¿en qué posición te encuentras? ¿Casada o de novia?
Nanda Bezerra

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