
Las personas que no tienen una vida sentimental realizada se esconden en el dicho que dice: ¡más vale estar solo que mal acompañado! En realidad es una forma de desahogo del corazón que es por donde destila la soledad, amarguras, traumas, complejos, relaciones del pasado que marcaron con dolor su moral y sentimientos; Dios tiene otro pensamiento.
“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. (Eclesiastés 4:9,12)
Nuestra relación con Dios y con nuestro cónyuge merece estar en nuestra lista de prioridades. Si no tenemos cuidado en esto estaríamos permitiendo que alguien o algo cree una brecha entre nosotros y el ser que tanto amamos, (Dios y su pareja). Si queremos relaciones sanas tenemos que aprender a mantener alejado el conflicto. Dios creó, a cada uno de nosotros, como individuos únicos. Tenemos personalidades y temperamentos distintos. Vemos las cosas de diferente manera, así que no ha de sorprendernos que de vez en cuando haya roces.
Muy a menudo, si alguien no está de acuerdo con nosotros con respecto a algo, eso nos molesta y se crea un ambiente propicio para el conflicto, el hecho de que alguien no esté de acuerdo conmigo, o no haga las cosas como yo, no significa que esa persona esté equivocada y que yo esté en lo correcto. Nada más, somos diferentes y nuestras diferencias pueden causar fricción. Hace falta madurez para poder llevarnos bien con alguien diferente. Hace falta paciencia para no discutir por cosas menores, para no sentirse ofendido por cualquier cosa. Si queremos mantener alejado el conflicto, tendremos que aprender a pasar por alto algunas cosas. Todos tenemos defectos y debilidades. No debemos esperar la perfección en quienes nos rodean.
No importa cuán grandiosa sea una persona y lo mucho que la ame, si está con ella el tiempo suficiente habrá ocasiones en que se sentirá ofendido(a) porque no existe tal cosa como el cónyuge perfecto. Si no somos realistas en cuanto a nuestras expectativas, y esperamos que el otro sea perfecto, no estaremos siendo justos; y eso nos causará frustración. Siempre sentiremos desilusión. Hay quienes viven con la actitud de: “Te amo siempre y cuando no me lastimes. O siempre y cuando no te equivoques. Seré bueno para ti siempre y cuando me trates bien. Siempre y cuando hagas las cosas a mi modo. Entonces te aceptaré y seré feliz”. Esto es muy injusto y pone demasiada presión sobre la otra persona.
La Biblia nos enseña que el amor debe dejar pasar lo que no nos agrada del otro. Es decir, que tenemos que pasar por alto algunas cosas. Deje ya de esperar la perfección de parte de su esposo o de su esposa y aprenda a mostrar algo de tolerancia. Si así lo hace la vida a dos puede ser mucho más feliz, el tratamiento realizado en la Terapia del Amor es completamente compatible con los hábitos de la inteligencia, no se trata de apoyar sinvergüensuras de la pareja si no de realizar la mezcla entre la fe que viene de Dios y la inteligencia del ser humano para obtener los resultados deseados, esperar que Dios haga incluso lo que nos corresponde a nosotros es demasiado absurdo, usted sabe o tiene bien en claro que la participación de Dios es el 50% y el otro 50% es de su parte, y tenga en cuenta que el 50% que Dios espera de usted es el de su inteligencia y no de sus sentimientos.
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