Recuerdo que cuando era pequeña (y aquí, entre nosotras, la cosa no cambió en la fase adulta) Tenía pavor de las cucarachas, lagartijas, arañas y ratas. Gran cosa, ¿no es cierto? ¿Quién no lo tiene? Bueno, hay gente que no puede pisar una cucaracha, espantar una lagartija o matar una araña, pero este no es el caso de Nandita aquí…
Recuerdo que cada vez que veía una cucaracha llamaba a mi padre para matarla, ¿y sabes lo que él decía?
“¡Deja a la pobrecita!”
¿Puedes creerlo?! Me ponía furiosa con él… Es claro que hacía eso para verme desesperada, pero después allá iba y la mataba. ¿Y saben que es lo peor de todo? Me casé y mi marido me hace lo mismo!!!
Recuerdo que un día estaba feliz de la vida en mi cuarto, hasta que miré hacia arriba y allí estaba, mirándome, como diciendo:
“Ahora quiero ver qué vas a hacer”.
¡Era una lagartija horrible!
Estaba sola en casa, ¿y ahora?
¿Saben lo que hice? ¡La miré durante horas!!! Hasta que escuché que mi padre llegó a casa. Cada vez que ella se movía, yo la miraba, no la perdía de vista. Si ella iba un poquito para un lado, hacía un movimiento para espantarla y hacerla volver al borde de la pared, no podía perderla de vista. Al final, huyó, se escondió atrás del armario, y tuve que dormir con ella allí…
Es increíble como la cobardía nos hace perder tiempo y andar los caminos más difíciles, ¿no es cierto?
Hay cosas en nuestras vidas que son como esta lagartija, y nos quedamos mirándolas, como paralizadas, sin tomar una actitud, sólo dejando que el tiempo pase sin hacer nada. ¿Pero, hasta cuándo vas a aceptar esto??
¿Hasta cuándo vas a aceptar quedarte mirando a esa lagartija ultrajándote, desafiándote y humillándote???
¡Indignate! La indignación es lo que impulsa a que la persona reaccione, pues ella exige un resultado.
¿Y sabes cuándo te indignas? ¡Cuando llegas al límite! Es cuando dices: ¡Me cansé de esta situación! Enseguida tienes que decir: ¡Esta es mi oportunidad! Entonces actúas, vas y resuelves la situación.
Nanda Bezerra

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