martes, 24 de septiembre de 2013

Por qué no lo haces tú primero, ¡¿eh?!

Siempre tenemos la manía de pensar que el otro tiene que cambiar primero, ¿y sabes lo que sucede después?


¡Nadie cambia!

Si hay una situación en tu vida en la que has esperado que la otra persona haga algo para que  esa situación cambie, entonces puedes esperar sentada en un banquito bien cómodo para no cansarte.

Un bello día me di cuenta que no podía ser del tipo que “no da el brazo a torcer”. Desde ese día sólo veo resultados positivos con respecto a esa postura.

Si la persona no da el primer paso, entonces yo lo dio. Si no pide disculpas, yo pido. Si no se acerca, yo me acerco. Si no habla, yo hablo.

¡Piensa! ¿no te parece más lógico que quedarse esperando que otras personas hagan lo que nosotros podemos hacer?

Claro que muchas veces no es tan fácil como parece. Hubo momentos en los que antes de actuar, en vez de esperar a que la otra persona hiciera algo, tuve que orar mucho para tener fuerzas, pues nuestra carne se resiste, pero te cuento que valió la pena todas las veces.

¿Y sabes dónde sucede mucho?

En el matrimonio. Y es ahí que existe el peligro. Por lo tanto, ¡no dejes que ese peligro dure más de hoy!


¿Qué te parece hacer una prueba? No es fácil, pero después, parece que nos sacamos un peso de encima.

Nanda Bezerra

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