Sí, chicas. Vamos a abordar al elefante en la sala cuando se habla de matrimonio. Confieso que también soy producto de nuestra generación. Por eso, cuando oía la palabra “sumisión”, admito que mi estómago se hacía un nudo. Tal vez este sea su caso, y la razón por la cual no quieres saber nada de matrimonio.
“¡Qué idea anticuada!”, pensaba yo. Estudiaba, preparándome para ser una mujer exitosa, independiente, y no quería oír hablar de la palabra “sumisión”. Para mí, someterme era transformarse en el felpudo del hombre. “¡Dios me libre!”, pensaba.
Pero, como cualquier mujer moderna, me enamoré y me casé. Y, como una mujer de Dios, no podía ignorar o desobedecer los principios de la Palabra de Dios, aunque no estuviera de acuerdo. Para mí, nada había cambiado. ¡Aún creía que someterse era feo, bárbaro y cosa de mujer débil! ¿Y ahora? Ah, ¡cuánto quería arrancar esa página de mi Biblia!
Hasta que entendí una cosa interesante.
El concepto de sumisión no es tan extraño para la mujer moderna como todas nosotras pensamos. Nuestra generación nos hace creer eso, pero notamos que muchas mujeres se someten todo el tiempo – ¡a sus amigas! Y un detalle… ¡ellas aman hacerlo! ¿Recuerdas aquel momento que quisiste gritarle a tu amiga, pero debido a la amistad te contuviste? ¿Te sentiste bien, no es cierto? ¿Recuerdas cuanto permitiste que tu amiga tuviera la última palabra sólo para dejarla feliz? ¿Y el tiempo en que dejaste todo para salir con ella, sólo porque necesitaba de ti?
Ahora, piensa sobre esto… ¿qué estabas haciendo en esos momentos? ¿No estabas dejando tu propia voluntad de lado para agradar a tu amiga? En realidad, en esos momentos, te estabas sometiendo a su voluntad. Eligiendo agradarla a ella más que a ti misma.
Ahora pregunto: ¿Eso es feo? ¡Claro que no! Por lo contrario, es una prueba de amor y respeto para con tu amiga. Demuestra el valor que ella tiene para ti. Y lo mismo sucede con el marido.
El concepto de sumisión no es tan extraño para nosotros, al final de cuentas, ni siquiera es difícil. Lo difícil es liberarse de esa idea diabólica que el mundo nos pasó, que someterse al marido es feo y bárbaro, es ser un felpudo, y que, cada vez que no sometemos, perdemos.
En realidad, cuando te sometes a tu marido, inviertes en la relación. De la misma forma en que lo valoras, él te valora, y la unión se hace fuerte y valiosa.
¿Por qué es tan difícil hoy en día encontrar una mujer moderna feliz y realizada en el matrimonio? ¿Por qué tantas son frustradas en el amor?
¡Porque se rehúsan a someterse a sus maridos! Esto quiere decir, se rehúsan a valorar al esposo. Y el resultado de esto es tristeza en el amor. Ellas nunca experimentarán el verdadero amor de un hombre. Si nada de lo que te dije hasta ahora te convenció que someterte a tu esposo es bueno, bien, aquí va una razón más…
¡Es la Palabra de Dios!
Y, como TODA Su Palabra, ¡trae respuestas a TODAS tus oraciones por amor!
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